
Temporal ventaja es una instalación que invita al espectador a cuestionar las nociones de verdad, realidad y tiempo. La pieza se manifiesta a través de un barco encallado en una plaza comercial, una imagen inquietante que plantea preguntas sobre su origen y propósito. Giaconi construye un relato simbólico donde lo matérico, lo conceptual y lo sensorial se integran para desdibujar los límites entre realidad y ficción.




















La instalación Temporal ventaja de Mauro Giaconi, comisionada por Arte Abierto, transforma el espacio en un astillero que nos invita a adentrarnos en un barco de grandes dimensiones, encallado en una plaza comercial, en una ciudad lacustre sin agua. ¿Cómo llega un navío de esta escala hasta aquí?
Constructor de relatos, narrador de historias, Giaconi provoca y desafía nuestra percepción de la realidad y de la materia. Plantea mundos y contextos únicos a partir de una herramienta poderosa: el grafito, sumado a la fuerza de la colectividad.
Giaconi concibe el dibujo como un refugio portátil y un espacio de contención. A través de él, se expande hacia otras disciplinas –como la escultura y la instalación– explorando la construcción desde la fragilidad de la materia como una fuerza latente. En este proyecto, el barco se erige como un contenedor de historias y de herramientas, un espacio de tránsito y protección que plantea la pregunta: ¿es este un lugar de llegada o de partida?
Temporal ventaja invita a detenerse en un tiempo suspendido en el que se confrontan la realidad y la ficción para cuestionar las verdades asumidas en un presente atravesado por la incertidumbre y la mentira. En este viaje, lo real se debilita y desdibuja constantemente, pero Giaconi nos da las coordenadas para “desconfiar de todo” y volver al origen del conocimiento y la sabiduría humana.
Agradecimientos: Gustavo Arróniz, Omar Barquet, Ramiro Chaves, Marcos Castro, Gabriela Correa, Edison Cumes, Tania Candiani, Diego Díaz, Mónica de Haro, Fernando Funcasta, Adriana Funcasta, Ana Gallardo, Vera Giaconi, Federico Gloriani, Eleazar González, Sol Henaro, Enrique Ježik, Alicia Laguna, Valeria Mata, Julio Matadamas, David Medina, Sofía Olascoaga, Guadalupe Salcedo, Javier Sordo, Omar Trejo, Evelyn Useda, Micaela Urrutia, Roberto Velázquez, Laura Vieco, Equipo de Arte Abierto y Obrera Centro.
Equipo Mauro Giaconi
Producción general de las obras: David Medina.
Paulina Carlos Fernández, Clemente Cárcamo Lobato, Francisco García Fragoso, Federico Gloriani, Paulina Granados Carmona, Darinka Lamas, Alan Luna, Julio Matadamas, Rogelio Ortiz Rubio, Víctor Ortiz Ríos, Ramón Salto y la colaboración especial de Marcos Castro.
¿Quién decide de qué están hechas las cosas? ¿Cómo se distrae el destino? ¿Cuánto dura una ilusión?
Probamos invirtiendo el orden, por donde la imagen se tensa hasta fisurar la mirada, con ideas pesimistas en lo general, pero optimistas en lo particular. Construimos un contenedor, uno dentro de otro, un lugar que pueda flotar hasta perder gravedad, uno que nos lleve hasta donde nos permita la ilusión; hasta donde resistir no signifique soportar presión; hasta donde ver y desconfiar se parezcan mucho; hasta donde la cosa no nos parezca tan exacta.
Las estrategias de ilusión y simulación visual proponen un principio de equivalencia que ha sido utilizado a lo largo de la historia por movimientos de resistencia social, de luchas políticas o simplemente para la supervivencia. Contrario a la utopía, las estrategias basadas en simulaciones visuales reaccionan ante una amenaza superior, recurriendo a la imaginación para proponer fisuras temporales a la percepción de la realidad, provocando momentos de temporal ventaja que transforman la precariedad en fortaleza, la debilidad en superioridad y se esconden en los pliegos visuales o, simplemente, fingen vehemencia.
Aquí, lo verosímil no tiene nada que ver con lo real. Fuimos a buscar algunas referencias, relatos silvestres, historias que son composta de otros relatos y que sirven de señuelos, todos carentes de evidencia. Encontramos algo de piratas y del color de sus barcos; algo de multiplicar las fogatas y aparentar multitud; algo de deslumbrar para confundir, de ensuciar para desaparecer y de negociar con la naturaleza para defender los alimentos. Encontramos también, que la especie humana es una de las pocas que se camufla de sí misma. Hallamos algo de la magia como arma, algunos sortilegios que fingen arsenales para combatir genocidios y la enorme necesidad de descansar.
Ochocientos treinta y siete metros cuadrados de papel usamos para dibujar un barco, uno acorazado y poroso, un barco de papel hecho de pedazos, que se hará pedazos. Negociamos con los materiales, con las imágenes y con el viaje, hasta que en cada ilusión quepa por lo menos una esperanza. Aquí un barco es sólo una idea, un refugio temporal, porque huir no siempre es salir corriendo, a veces es sostener la respiración hasta que la imaginación esté de nuestro lado.
— Mauro Giaconi





