
Things We Do for Love es un proyecto comisionado por Arte Abierto al artista visual Erick Meyenberg (CDMX, 1980). Se compone de una videoinstalación y una escultura de gran formato que, en conjunto, exponen la poética del arte y su efecto en nuestra percepción de la realidad.








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La exposición es un ejemplo de las complejidades de la práctica artística y sus transformaciones como resultado de las múltiples miradas y acciones que intervienen en su producción. Para Arte Abierto resulta fundamental exponer la naturaleza colaborativa del arte a través de exposiciones que, como esta, surgen de un proceso y un intercambio de ideas, pensamientos y sentires.
La invitación a Erick Meyenberg para intervenir nuestro espacio surgió de un interés por acercarnos a ideas y conceptos en común que, a través del arte, se transforman en una reflexión íntima. Así, lo que comenzó como un suceso personal, se convirtió en un proyecto para reconocer cómo definimos nuestra mirada y los sentidos que producimos a partir de ella.
Erick Meyemberg nos platica que al final de su viaje a Japón apareció el libro El portero del escritor cubano Reinaldo Arenas. “La literatura siempre llega así, intempestiva, inesperada, contundente, necesaria…”
De este libro, una nueva intuición llegó para dar vida a su texto en las voces Louise Phelan y Francisco López-Guerra, a quien dedicó esta obra y son incluidas en la música de Roderic.
(1) En esas aguas, en todas las aguas, [el ser humano] espera[n] ver reflejada su imagen real. Imagen que hace miles de años fue mutilada. En esa posición, ensimismados junto a la costa, los podemos encontrar donde sea. ¿Añorando qué? Lo que ellos mismos fueron.
(2) Vivir para el odio es vivir al servicio de nuestro enemigo. Tener un enemigo es ser ya sólo la mitad de nosotros mismos, la otra parte la ocupa siempre el enemigo. Cuando se vive bajo el afán de destruir o bajo el miedo de ser destruido, no se vive, se agoniza a largo plazo.
(3) La búsqueda del silencio, la calma y el olvido. Fíjense que no estoy hablando de perdón, hablo de olvido. Perdonar implica recordar ¡y hasta cierto punto pactar con alguien que hemos detestado o hemos amado y nos ha herido.
(4) Hacia donde iremos será un sitio donde haya agua y tierra. Las razones son obvias: todos los seres somos anfibios aunque algunas especies hayan sufrido serios atrofiamientos. Y no sólo somos anfibios física, sino también espiritualmente. Nadie soporta un solo elemento y aquellos que pueden vivir en todos son sin duda los más dichosos. Tomemos por ejemplo, aunque sea sólo por una vez, el caso del hombre, criatura, desde luego, atrofiada. ¿A pesar de vivir en la tierra no intenta siempre marchar hacia el agua? ¿Por una razón que ellos no se pueden explicar, pero nosotros sí, no se las arreglan siempre para partir en extrañas procesiones hasta el mismo borde del mar? Observen cómo todos ellos se detienen en la línea en que comienzan las aguas y allí se quedan como embelesados... ¿Qué miran? ¿Qué buscan? ¿Por qué esa necesidad de marchar siempre desde lo más remoto de la tierra hacia el encuentro con las aguas? Ellos no lo saben, pero se buscan a sí mismos. Buscan la otra parte que les corresponde, y que por cobardía o por miseria perdieron, y que pertenecía a las aguas. En esas aguas, en todas las aguas, esperan ver reflejada su imagen real. Imagen que hace miles de años fue mutilada. En esa posición, ensimismados junto a la costa, los podemos encontrar dónde sea. ¿Añorando qué? Lo que ellos mismos fueron.
(5) ¿Podrían aunque quisieran secar el mar? ¿Podrían prescindir del agua y de la tierra?
-silencio, calma y olvido-
