Autorretrato flameante, mirando al mismo tiempo a dos mares, asomándome para tirar guiños a los cardones, las chirinolas, los cirios, las biznagas, los alicoches, los lentiscos, las yucas, los saladitos, las jojobas, los chamizos, las pitayas, los chilicotes, las choyas, los ocotillos, y al tecolote llanero, mientras me tumbo un par de tostadas de abulón y almeja chocolata, junto con sus buenos guarapos, una kawazaki rusa bien helodia, y un licor de damiana, escuchando la sublime ‘El invisible’, mientras tiro un chiflido llanero que se escuchará en toda la península, antes de que llegue el ferry

Arte Abierto se complace en anunciar la apertura de Arte Abierto Baja, su nueva sede en el corazón de Cabo del Sol, ubicado dentro del complejo arquitectónico de Ánima Village. La instalación que presentamos para la inauguración de nuestro espacio es del artista mexicano Abraham Cruzvillegas.



La instalación titulada “Autorretrato flameante, mirando al mismo tiempo a dos mares, asomándome para tirar guiños a los cardones, las chirinolas, los cirios, las biznagas, los alicoches, los lentiscos, las yucas, los saladitos, las jojobas, los chamizos, las pitayas, los chilicotes, las choyas, los ocotillos, y al tecolote llanero, mientras me tumbo un par de tostadas de abulón y almeja chocolata, junto con sus buenos guarapos, una kawazaki rusa bien helodia, y un licor de damiana, escuchando la sublime ‘El invisible’, mientras tiro un chiflido llanero que se escuchará en toda la península, antes de que llegue el ferry, 2025, realizada en pintura y acero es la pieza con la que abre el nuevo espacio de Comisiones y Exposiciones de Arte Abierto Baja.
Fiel a su práctica, Abraham Cruzvillegas concibe esta obra a partir de objetos cotidianos y materiales de desecho recolectados en Los Cabos, articulando un lenguaje escultórico que explora las relaciones entre trabajo, paisaje y lo que el artista denomina su alma mineral o ánima. La pieza será ensamblada in situ, utilizando materiales provenientes del entorno inmediato y dialogando directamente con las condiciones geográficas, sociales y culturales del lugar.
Los colores y materiales de la instalación —particularmente la paleta rosa y verde— remiten a la bandera de la favela y escuela de samba Mangueira, en Río de Janeiro, comunidad que marcó profundamente la visión del artista tras su visita en 2003. Este encuentro resonó con su propia historia personal en la Colonia Ajusco, en Coyoacán, donde la autoconstrucción y la colaboración comunitaria surgían como respuestas creativas frente a la desigualdad. Cruzvillegas ha explorado estas correspondencias globales a través de asentamientos informales como favelas, barrios marginales, callampas, villas miseria o baraccopolis, estructuras que revelan formas de ingenio colectivo y adaptación.
Con esta obra, el artista abre un diálogo sobre el lugar del arte público, su relación con el contexto social y su inscripción dentro del paisaje natural de Baja California Sur.